El problema que todos tenemos y nadie atiende
Abres la carpeta de un cliente y ahí están: Contrato.docx, Contrato final.docx, Contrato final (1).docx y un PDF que alguien exportó en algún momento. Ninguno es igual a otro, así que los buscadores de duplicados no ven nada raro. Para ellos son cuatro archivos distintos. Para ti son el mismo documento cuatro veces, y tienes que abrirlos uno por uno para saber cuál es el bueno.
Esa pérdida de tiempo es tan común que dejó de parecer un problema. Simplemente se vive con ella. Nos pareció que merecía una herramienta.
La decisión que condicionó todo: nada sale de tu computadora
Lo más fácil habría sido subir los documentos a un servidor, compararlos ahí y devolver el resultado. Es lo que hace casi todo. Pero la gente que más sufre este problema es justo la que no puede hacer eso: abogadas, contadores, gestores, gente que maneja expedientes de otras personas.
Para ellos la privacidad no es una preferencia, es una obligación. Así que la regla fue simple: no hay servidor. No uno que prometa no mirar, sino ninguno. Si no existe a dónde mandar tus archivos, no hay nada que prometer. Todo lo demás se diseñó con esa restricción encima.
Por qué nunca borra nada
La idea obvia para "limpiar" duplicados es borrarlos. La descartamos desde el principio.
Un programa que decide por ti qué versión sobra, cuando se equivoca, te quita algo que no se puede recuperar. Así que SimilDoc no sabe borrar: solo copia o mueve. Si un nombre ya existe, agrega un «(2)» en vez de pisar el archivo. La primera vez puedes usar el modo Copiar y tus originales ni se enteran.
Por qué te decimos que no es perfecto
Comparar el contenido de dos documentos y decidir si son el mismo es una decisión estadística. Acierta la mayoría de las veces, pero no siempre, y sería fácil no mencionarlo.
Preferimos lo contrario: te mostramos el porcentaje de parecido de cada archivo, te dejamos subir o bajar qué tan estricto debe ser, y no movemos nada hasta que lo apruebas. Lo que sí garantizamos es lo que se puede garantizar de verdad: que tus archivos siguen ahí, intactos.
Por qué es gratis, y por qué la licencia no permite vender
No hay servidores que pagar, así que no hay razón para cobrarte una suscripción por algo que corre en tu propia computadora. Es gratis para uso personal y para organizaciones sin fines de lucro.
La licencia sí pone un límite: nadie puede tomar SimilDoc y hacer negocio con él. Si una empresa lo necesita para su trabajo, se habla y se acuerda. Nos parece un trato justo en las dos direcciones.
En qué estamos ahora
SimilDoc lee PDF, Word, TXT y Markdown. Lo siguiente en la lista es leer documentos escaneados, que es lo que más falta le hace a quien vive entre papeles digitalizados.
Si lo usas y algo te estorba, o algo se agrupó mal, cuéntanoslo. Es una herramienta pequeña y hecha con cuidado, y así queremos que siga.